Palabras olvidadas

Palabras olvidadas


Un antiguo puente por encima del río Neretva une las dos orillas opuestas de una ciudad en los Balcanes. Una piedra tallada recibe y despide a aquéllos que lo cruzan. Ni tan grande ni tan pequeña, a veces atrae la mirada, a veces permanece imperceptible. Asemeja un guardián incansable que avisa en imperativo. Unas mayúsculas letras blancas susurran en inglés, “DON´T FORGET 93”.

La ciudad es Mostar. El puente se llama Stari Most.

Stari Most es un puente otomano, construido en el siglo 16 por orden del Sultán Solimán el Magnífico y a petición de los habitantes de Mostar.

“Stari” significa viejo, “Most” es puente. El Viejo Puente. Era un viejo puente. Ya es un puente joven. Lo único antiguo son el nombre y la historia que musita.

El río Neretva separaba las dos partes de Mostar. Los turcos irguieron un puente de piedras para facilitar la conexión. Los cristianos y los musulmanes empezaron a desplazarse y relacionarse con mayor facilidad. Stari Most unía las dos culturas y las dos creencias que poblaban las dos orillas opuestas. Los vecinos se complementaban y apoyaban. Vivían y convivían con su diversidad en paz y armonía ...

Stari Most


Se entendían... Hasta que estalló una guerra. La provocaron los intereses y el ego insaciable de un dictador totalitario. Nadie se apiadó del antiguo puente otomano, ni mucho menos de los habitantes. Las bombas no tuvieron piedad. El puente no se salvó. Se derrumbó y se desvaneció en el agua azul-verdosa del río. Perdió las viejas piedras. Nunca las recuperó.

Los disparos dejaron de escucharse en Mostar. Las bombas cesaron de caer por encima del río Neretva. Aquella guerra acabó, quedó atrás en el pasado no tan pasado. Las heridas han cicatrizado, más siguen doliendo. El recuerdo lacerante divide lo inseparable antes.

El puente se reconstruyó. Volvió a conectar las dos partes de la ciudad que ya se unen sin juntarse. Los vecinos se observan sin relacionarse. Han perdido la convivencia apacible. Conviven sin convivir. Stari Most conecta sin conectar. Marca la línea imperceptible de la perceptible división. Al cruzarlo muy pocos son aquéllos que comprenden el imperativo de las letras blancas grabadas en la piedra. Advierten de la atrocidad de un mal invencible, la herencia eterna de los conflictos sangrientos. El odio y la división.

Las guerras acaban. El odio que divide, no. Perdura. No conoce la empatía y la compasión. Las atrocidades que provoca se comenten sin distinción de lo bueno y de lo malo, de tener razón o no tener. La crueldad inmensurable se convierte en arma de los agresores y los agredidos. Se olvida el respeto y el aprecio al ser humano.

Aquella piedra en el Viejo Puente de Mostar no se cansará de repetirlo. Si se quiere comprender. “DON´T FORGET 93”.

Tan rápido se olvidó. Se guardaron en los archivos las imágenes de guerras muy cercanas en términos geográficos y cotidianos. 1991-1999, guerras en los Balcanes. Desde 1992 continuos conflictos post-soviéticos, Georgia, Ucrania, Armenia, Azerbaiyán... Países afectados sin ganadores. Refugiados en las fronteras de los estados vecinos. Pérdidas humanas, dolor insuperable, heridas que cicatrizan sin cerrarse.

Se olvidó sin más... Palabras tan al uso del uso se sacaron. Atrás quedaron los años cuando los regímenes totalitarios comunistas se descomponían y se restauraban las democracias. En Europa se volvía a hablar de ampliación e integración de los estados que anhelaban la democracia y la libertad. No tardaron en aparecer los miedos a los nuevos integrantes. Se les miraba con hostilidad, se les tenía rencor por venir a llevarse lo que en exclusiva pertenecía a los miembros del Club VIP.

Los países de Europa del Este reavivaron los acontecimientos de unos años anteriores cuando España y Portugal, y un poco antes, Grecia, solicitaban la adhesión. Provocaron los mismos miedos, las mismas reticencias. Hasta a Grecia, España y Portugal se les había olvidado cuando ellos se encontraban en el rellano sin abrirles la puerta y aspiraban a consolidar sus democracias.

Entre discusiones, retrasos, restricciones, los países de Europa del Este consiguieron lo anhelado. Primero la adhesión a la OTAN, después la integración a la Unión Europea. Las noticias tornaban alrededor de la ampliación, de los riesgos y las desventajas. Se mencionaba alguna u otra ventaja, o alguien más sensato, se atrevía a recordar que la ampliación de la Unión Europea no suponía ninguna amenaza. Los invasores inmigrantes no desplazaron a la población comunitaria. Al revés. Se ocuparon de las tareas que los locales preferían no desempeñar. Crearon nuevas riquezas. Contribuyeron a las arcas de los estados.

Se analizaban los regímenes totalitarios. Se explicaban. Se hablaba de democracia, consolidación de las democracias, derechos fundamentales, libertades... Requisitos básicos de ser un miembro de la Unión Europa. Condiciones de entrar en la OTAN.

La Unión Europa se amplió. Los antiguos estados miembros se reconciliaron con los nuevos integrantes. Al integrarse, los países de Europa del Este, a su vez, se distrajeron de los objetivos principales de estar en la Unión Europea.

Se olvidó la esencia de la Unión Europea y la OTAN. Una se creó para impedir las guerras, y la otra para defender a los estados miembros de las amenazas militares y velar por la seguridad y la cooperación.

Rápido se olvidó. Ni siquiera han transcurrido treinta años cuando, no tan lejos del Viejo Puente en Mostar, comenzaron otras guerras. Las causas no defieren. La ambición personal en combinación con las visiones imperialistas y comunistas de otro dictador totalitario. Se lleva en Ucrania. Muy cerca de los Balcanes, en una de las orillas del Mar Negro.

Palabras olvidadas emergieron del olvido como si se hubiera rebobinado una película soviética sobre la Segunda Guerra Mundial. Los ideales comunistas y la lucha contra el opresor nazi argumentaban la guerra en Ucrania con matices poco diferentes.

Se rescataron del olvido los libros olvidados. Se rebuscó la tipología de los regímenes, elaborada por Juan Linz. “Totalitarian and Authoritarian Regimes” (Juan J. Linz, Lynne Rienner Publishers, 2000), una lectura obligatoria en la ciencia política. Con imágenes reales y en directo se comprueban las consecuencias del comunismo como un régimen totalitario.

La tragedia hizo que se regresara a los fundamentos de la Unión Europea. Resonaron las palabras olvidadas. Resonaron fuerte, hondo... Preservar la paz. Defender la libertad. Fortalecer las democracias. Mantener unida la Unión Europea. La OTAN se enfrentaba a los fines por los cuales se creó. Proteger a sus miembros y actuar uno para todos y todos para uno.

La Unión Europea regresó a los principios y los valores arrinconados. Se creó para que no haya otra guerra en Europa. Los seis países fundadores se unieron para reconstruir un continente devastado e ir construyéndolo en los siglos venideros en solidaridad y cooperación.

Las culturas, las creencias y las tradiciones conviven en Europa. Las herencias se entremezclan. Se extienden a las raíces de dónde han crecido. Europa se diluye hacia Asia. La línea serpenteante serpentea hacia el Oriente Próximo. La lejanía se trasforma en cercanía. Los musulmanes y los cristianos vivían en paz y armonía. Continúan viviendo juntos, en penurias, entre casas destruidas y vidas destrozadas. Como en Mostar donde Stari Most unía las dos partes de la ciudad.

Lejos y nada lejos de Europa donde una guerra volvió a estallar, los conflictos bélicos en el Oriente Próximo se agravaron. Aquello que parecía al menos algo sosegado sin conseguir sosiego, explotó como un detonante. Las pantallas de toda índole se cubrieron de atrocidades e imágenes que no permiten reconciliar el sueño. La crueldad de una organización terrorista desató otra reacción de fuerza militar inmensurable. Más fácil es entrar en guerra que mantener la paz.

Guerra y Paz. Paz y Guerra. De dos en dos se combinan. Una pareja inseparable. Una triste paradoja. Por la Paz se lucha. Por la Paz estallan las guerras.

Las imágenes atroces que vienen de Israel y Gaza aterrorizan sin detener a los beligerantes. Ni dieron tiempo a comprender lo que estaba ocurriendo. La respuesta del porqué no se busca. La violencia no permite el privilegio de razonar.

Cuesta seguir el hilo bélico. Una organización terrorista ataca a gente inocente para defender a otro pueblo deprimido. En Yemen recrudece otro conflicto. Los Hutíes apoyados por Irán atacan a un barco comerciante en defensa al grupo militante palestino Hamás en su guerra contra el ejército israelí en Gaza. Dos aliados de la OTAN, Estados Unidos y el Reino Unido intervienen con el objetivo de disuadir a los Hutíes de continuar con las agresiones en el Mar Rojo.

Irán ataca a Pakistán. Y Pakistán no tarda en responder a los ataques de Teherán.

Al moverse a otra región, lejana y cercana a los conflictos, el silencio coexiste con los miedos a otras heridas de la Segunda Guerra Mundial sin ni siquiera haberse calmado. La herida del Taiwán y las pretensiones de China.

Afganistán no atrae con las noticias que crea. La abolición de los derechos humanos fundamentales no interesa a los héroes geopolíticos para defenderlos. No se intuye que el peor peligro. Les concierne a los afganos. Con más precisión, a las afganas. La guerra se lleva a puertas cerradas. Sin los ojos que ven, sin la cara que desprende las emociones. Hasta el miedo está oculto detrás de las burkas Los derechos humanos se han apartado. La lucha verdadera se ha delegado a las mujeres sin derecho ninguno. A ellas se les ha ofrecido el destino sin el destino.

No lejos de Europa y cerca de Asia, en una encrucijada entre culturas y religiones, el enfrentamiento Armenio-Azerbaiyano de Nagorno Karabaj, rodeado de disimulos por los acontecimientos bélicos posteriores, provoca aún más dolor y aún más heridas sin haber vencedores. El sosiego camuflado concede desdicha y adversidad.

Los rehenes israelíes anhelaban regresar a casa, sus seres queridos contaban las horas infinitas por volver a verlos. Las mujeres y los niños en Gaza huías y siguen huyendo de las bombas. Los palestinos zigzagueaban entre los disparos y la búsqueda de la salida.

Dos años más tarde las noticas casi se acostumbraron a las guerras. Se volvieron a ser una noticia sin el pavor inicial del estallido de una guerra. Una noticia de madrugada. Un país ataca a otro. El mundo, los afortunados de estar en otro lugar más protegido, se despiertan y mientras saborean el primer café del día, se informan de los acontecimientos recientes.

Otras guerras han estallado. Israel no deja de atacar a Gaza. Las misiones de paz continúan sin continuar más adelante. Los acuerdos de ponerse de acuerdo apenas duran lo que se tarda en poner la firma. Israel extiende el frente, a Líbano. Los terroristas se han de debilitar. El objetivo de acabar con el terrorismo cobra las dimensiones más crueles de los mismos terroristas. Las víctimas del terrorismo se convierten en las víctimas de aquéllos que los defienden de los terroristas. De entender, no se entiende. Asimilarlo, apenas se consigue. Las víctimas de unos, son las víctimas de los otros. La paradoja de las guerras. Las contradicciones de los conflictos contemporáneos. Por razones de comodidad política se les suelen denominar “conflictos armados”. Unos conflictos en los cuales se ha de defender un territorio del ataque injusto de un agresor. Y una mañana el mundo se despierta con un conflicto armado en el Oriente Próximo. Israel ataca a Irán. Un ataque justificado sin justificar contra el terrorismo y en apoyo a las libertades de los iraníes. Estados Unidos, el estado que intervenía para resolver un conflicto armada e invertía esfuerzos y medios para que no hubiese otra Guerra Mundial, se apoderó del liderazgo de crear conflictos armados y destituir el orden de la paz. Más estable o menos estable, pero asegurando algo de seguridad en la mayorías de los rincones dispersos por el mundo.

Venezuela se invadió para imponer la democracia. En concordancia con los intereses geopolíticos y económicos de los salvadores. La alusión tan cercana a pesar de ser lejana con la Unión Soviética que dominaba el Este de Europa para defender a los estados del dominio capitalista.

Imponer la democracia a la fuerza no conjuga con los principios de las democracias. Apoyar a la población local para que recupere los derechos perdidos no se consigue lanzando bombas y matándola por la calles, en los refugios, en las escuelas... Se exige algo mucho más. Paciencia, perseverancia, apoyo... Dando tiempo al tiempo para que se haga a modo de cada lugar, a la manera de cada cultura, acorde con el respeto de cada religión.

Si se ataca a un régimen disparando contra la población reprimida, el régimen no se derrota. Se fortalece. La población se radicaliza. Se une entorno al dictador que los defiende.

Resuenan hondo, contradictorias, las palabras de Ursula von der Leyen. Gusten o no gusten, en su fuero interior los espectadores de las funciones armadas y los políticos con el poder de tomar decisiones, resuena el significado. La propia voz de cada uno repite. Ya no se puede preservar el orden de paz establecido. Se ha de actuar para salvarlo. Las vías son otras. Mejor no acudir a las armas. Mejor buscar la solución entre las paredes de los edificios que tanta atracción atrae y son una parada cuando se va de turista.

Y a salvo, en la Security Council Consultation Room, los miembros del Consejo de Seguridad discuten las posibles vías de soluciones acordadas. A solas, en privado. Nadie sabrá de lo que han hablado más allá de lo que acordarán anunciar. Quizás se fijen en la decoración y el diseño de la Security Council Consultation Room creados para extender puentes entre las diferencias y hacer del mundo un mejor lugar para vivir.

A lo mejor los líderes reunidos recuerdan que la decoración es un regalo de la Federación Rusa. Puede que consigan descifrar el mensaje visible invisible que les han dejado en las cortinas. Incorporan elementos que representan las distintas naciones. Las lámparas asemejan espejos circulares plateados. Al encenderlas, iluminan el espacio simbolizando la energía inagotable, la luz divina que protege a la gente de caer en el abismo oscuro del odio y de la guerra.

Robert Schuman
video abre en otra ventana


Al otro lado del Océano Atlántico, desde los archivos, en una grabación en blanco y negro suena la voz de Robert Schuman.

“La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. […] Europa no se construyó y hubo la guerra. Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho.”


Una triste paradoja. Se hizo un revés al revés. Los “Padres de Europa”, Jean Monnet, Robert Schuman, Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi, Paul-Henri Spaak, Walter Hallstein y Altiero Spinelli, ni lo plantearon ni lo contemplaron. La Unión Europea tuvo que recurrir a las armas para salvar la paz.

Palabras olvidadas, palabras recordadas... Democracia y libertad. Guerra y Paz. Se suelen conjugar de dos en dos. Las conjugamos sin pensar en la conjugación. Casi somos inconscientes de que la democracia y la libertad existen sólo con la paz.

Casualidad lingüística o no, en ruso la palabra “мир” tiene dos significados, “paz” y “mundo”. Мир в мире. Paz en el mundo. Paz en todo el mundo. Мир во всëм мире, repiten los no privilegiados cuyas vidas se truncaron en un instante.

Cuando acabe la sesión de turno del Consejo de Seguridad, los líderes más poderosos del mundo, caminando por los pasillos de la ONU recorrerán varios pasillos hasta la salida. En uno de ellos, no muy lejos de aquella sala, un mosaico en el cual la humanidad cohabita en concordia sin distinción de edades, razas, religiones, géneros y regiones, susurra desde la pared, “Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti” (“Do unto others as you would have them do unto you”). Un estadounidense organización no-gubernamental lo hizo para la ONU.

Desde otro lugar bien visible a la altura de la vista, en otro pasillo de la ONU, Dag Hammarskjöld recuerda, “La ONU no se creó para llevar a la humanidad al Paraíso, sino para salvar a la gente del infierno” (“The UN was not created to take mankind to heaven, but to save humanity from hell”, Dag Hammarskjöld, Second UN Secretary - General).

Stari Most


Palabras olvidadas, palabras evocadas ... Si se desea recordar, si se desea evitar. Si se anhela preservar lo que la ONU es y representa.

“Don´t forget ´93” musita la pequeña piedra tallada desde una esquina de Stari Most. El Viejo Puente que dejó de ser viejo. Y nadie consiguió salvar del infierno ...

La Casa del Bosque, el 7 de marzo de 2022
La Casa de la Princesa, el 18 de enero de 2024
La Casa Oculta, el 6 de abril de 2026
B.S.

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